El “terrorismo de Estado” como nueva tipología de terrorismo occidental

El terrorismo debe ser el concepto más utilizado este Siglo XXI. Luego de los ataques del 11 de Septiembre del 2001 y las constantes situaciones de terrorismo en Europa, el mundo empezó a crear y construir un miedo contra la palabra terrorismo, en donde el “terrorista” se estereotipa, se sostiene y se reafirma cada día. El terrorismo promovido por el fundamentalismo, fue capaz de mostrar al mundo lo vulnerables que eran las fronteras de las potencias mundiales, convirtiéndose en el instrumento perfecto para comenzar una nueva guerra: promoviendo una industria y un marketing alrededor de la situación.


A continuación, pretendo dar aclaraciones respecto a la clasificación y demostración histórica del término y concepto de terrorismo dada en el texto de Ivan Witker Occidente ante las nuevas tipologias del terrorismo. Esta aclaración va referida a la forma en cómo Witker encara los momentos y evoluciones del terrorismo; evolución, que deja de lado uno de los terrorismo más antiguos y duraderos que ha tenido la historia, me refiero al terrorismo de Estado. Basándonos en posiciones nacionales e internacionales, de tiempos históricos dispares, trataremos de completar la secuencia descrita por Witker y proponer al terrorismo de Estado como forma importante a la hora de analizar las tipologías de terrorismo.

Partiremos diciendo que, terminada la Guerra fría y comenzado los procesos de descolonización del oriente, las naciones comenzaron a adecuarse a sus nuevos sistemas democráticos, políticos y sociales. Luego de la “pasiva” post guerra fría, se intensificaron en el mundo los movimientos nacionalistas, de liberación, de “guerra justa” y renacieron ideas antiguas, como la guerra santa o Yihad. A pesar de lo anterior, Witker trata de asociar el terrorismo a una evolución histórica, en donde procesos como el anarquismo, la insurgencia y la revolución marcan pautas para situar el neo-terrorismo en nuestros tiempos. Según el autor el terrorismo evolucionó en tres etapas: el terrorismo anarquista, el revolucionario y el fundamentalista religioso.

Tanto por los conflictos que se dieron en el interior de países Latinoamericanos, producto de las dictaduras militares y lo que ha generado el fundamentalismo islámico en oriente, el Estado, como institución, tuvo que enfrentarlos, en la mayoría de las veces asegurados de un triunfo por su supremacía militar y de organización. Noam Chomsky afirma que “A menos que se aplaste por completo a los enemigos, la violencia tiende a engendrar violencia a modo de respuesta. Una réplica violenta y destructiva al terrorismo ayuda a la vanguardia terrorista a movilizar apoyo entre el sector mucho más amplio que rechaza sus métodos pero comparte buena parte de sus motivos de queja y preocupaciones, una dinámica tan familiar para los políticos occidentales posterior a la Segunda Guerra mundial como lo fue para sus predecesores imperiales” (Chomsky, 2012, p.36).

A partir de lo anterior, países como Estados Unidos realizan un llamado Marketing del terrorista, el cual tiene que ver con “presentar al enemigo del momento como diabólico por su misma naturaleza. En ocasiones la caracterización es exacta, pero los crímenes rara vez son el motivo para exigir medidas contundentes contra un blanco seleccionado. Ejemplo de esto, es como un Estado pasa de ser un aliado y amigo, a convertirse en un mal que debe ser destruido” (Chomsky, 2012, p.136). Esto se desarrolla, con tal de que el enemigo no comience a ganar adeptos en otras partes del mundo y sus ideales no sean propagados por sectores cernamos a su país. La propaganda es una de las partes del terrorismo de Estado.

En Chile, bajo la dictadura militar (1973-1988), el Estado que se impuso en ese momento configuró redes de marketing del terrorismo: se comenzó a hablar seguido en la prensa sobre grupos terrorista, se clasificó a la guerra contra el comunismo desde un punto de vista moral (bien sobre el mal), se amenazó a la población con toques de queda y múltiples restricciones, pero sobre todo se impuso un terror en base a la memoria. Según el sociólogo Tomas Moulian el terror necesita que su presencia sea recordada, por ello la idea de propagar y sustentar el terror no dura solo la época que dura el conflicto, sino que busca se quede en las generaciones venideras. Tanto la dictadura chilena como Estados Unidos generan métodos para ellos, en Chile fueron los detenidos desaparecidos los que nos hacen recordar a cada momento el terror de la época sin posibilidad de olvidarlo, Estados Unidos, con su campaña de marketing del terrorismo se jacta día a día de sus masacres a favor de la democracia, seguramente hay muchísimos desaparecidos y miles de detenidos que nunca aparecerán en medio oriente, tal como pasa hasta la actualidad en Chile.

La comparación anterior es pertinente, ya que ambas maneras de combatir aquel terrorismo histórico que plantea Winker en su texto, fueron a favor de la democracia. Aquella democracia que se ha sustentado – pareciese ser – no ha encontrado otro método “justo” para implantarse cuando regímenes establecidos han sido subyugados a maneras de gobernabilidad distintas. El terrorismo de Estado ha sido el arma más fuerte en contra del terrorismo de las una y mil manera en cuanto ese concepto pueda ser definido. La pregunta a realizarse es ¿Por qué el terrorismo que se ejerce desde el Estado, no es una amenaza para las naciones; sino que se ve más bien como una salvación?

Eduardo Mella Flores

1 thought on “El “terrorismo de Estado” como nueva tipología de terrorismo occidental

  1. La propuesta de Witker es coherente con la teoría de fases evolutivas del terrorismo de autores como D. Rapoport y E. González.

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